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“Somos los Daft Punk sin cascos”: Miguel Mateos retoma la senda de la electrónica con su nuevo disco

El artista cuenta cómo es Electropop, que hizo junto a su hermano Alejandro luego de desempolvar viejos teclados y secuenciadores. Y sienta posición sobre lo que pasó en Time Warp.

Miguel Mateos camina por su casa y se encuentra a su hijo veinteañero con los auriculares puestos. “¿Qué estás escuchando?”, le pregunta y recibe un seco “Broken Bells” como respuesta. “¿Me dejás ver qué onda?”, solicita e inmediatamente cierra todo con una exclamación “¡¡¡pero esto es re tránsito de los ‘70 a los ‘80!!!”

Esa anécdota resume los disparadores de Electropop, el disco que Mateos presentará en Córdoba este fin de semana. También permite fundamentar el big bang artístico de este compositor. Compositor desde el piano que vivió en carne propia la tensión entre un academicismo (su formación en el Conservatorio Municipal de Buenos Aires), abonado por el amor al rock sinfónico y al jazz fusión, con la asimilación de nuevas formas expresivas más sintéticas y al hueso.

“Fue así, de pronto saqué todos mis sintetizadores y los dispuse en el estudio. Mi mujer me tomó una foto. Aún tenía el pelo largo y una barba de seis meses. ¡¡¡Parecía Rick Wakeman!!! Después se sumó mi hermano, que desempolvó sus baterías electrónicas y secuencias, y terminamos siendo los Daft Punk de Liniers. Aunque sin cascos”, añade el músico que vendió material tangible de a decenas de miles gracias a himnos electropop como Va por vos, Perdiendo el control, Mensajes en la radio,Sombra en la pared y Obsesión, entre otros.

“Todos esos temas conviven de la mejor manera con el nuevo repertorio. Siempre me gustó la electrónica pero jamás podría abandonar el formato de canción. Si no la puedo tocar en la guitarra o en el piano, una canción no pasaría mi filtro”, completa un Mateos que se trajo sus primeros teclados en 1979, después de un viaje a Estados Unidos. Son los mismos que plasmó en Zas, el primer disco que publicó junto a la banda homónima en 1982.

“Tal cual, están expuestas ahí mis primeras teclas y mañas electrónicas. El hit Va por vos no sólo tiene sintetizadores sino también máquina de ritmos. Ahora que unalaptop tiene 14 mil opciones de sintes, al DX7 lo recordás como tu Panamá Papers particular. Una fortuna puesta ahí”, ilustra. E inmediatamente, dice que Electropoptiene un tsunami de artificios sólo atenuado por guitarras tocadas por sesionistas de lujo como el guitarrista Michael Thompson y el bajista Leland Sklar.

“Venía haciendo este laburo de  sintetizadores y se me muere el máximo referente que es Keith Emerson. Entonces todo se resignifca como un tributo a él y a una forma muy personal de lograr que los versos sirvan para que explote un estribillo. Porque una canción de cuatro minutos es un pequeño librito. El estribillo tiene que develar el misterio de una letra y la música, acompañar ese proceso de encantamiento”, redondea en un relato en el que, además, abundan referencias a Ultravox y Kraftwerk.

Sentar posición

Este diálogo con Mateos se produjo apenas días después de la fiesta de Time Warp, donde murieron cuatro personas por haber consumido éxtasis adulterado, según se desprende de las hipótesis judiciales. No hace falta aclarar que el contexto es el de ahora mismo: el conservadurismo demonizando a la música electrónica desde un Everest de desinformación y prejuicio.

Como en Electropop Mateos reemplazó el ítem Éxtasis por (el título) Euforia, le consultamos al respecto. “Soy cauto a la hora de opinar sobre este tema. No obstante marco algo contradictorio: los chicos absorbidos por las redes van a bailar para salir de esa burbuja; y aun así, necesitan pastillas para desinhibirse. Tengo un hijo de 24 años y he estado alerta permanentemente y hablado sobre el tema sin prejuicios”, expresó.

Luego remató: “Pero lo que pasó, fundamentalmente, es que un par de hijos de puta vendieron veneno. La libertad de cada uno es algo inquebrantable y la voy a defender siempre, pero ante ese acto asesino… No puedo pontificar sobre algo que es muy difícil de resolver. Insisto, las libertades individuales están primero… Hay que dar respuesta a este problema, uno de los tantos que tenemos en Argentina”.

Otra aproximación de Mateos a los nuevos hábitos está en la Ley del pulgar, una canción sobre la demanda a gustar, a conseguir likes, de Facebook. ¿No temerá quedar en off side? “Es una ironía, apenas eso”, contesta.

“Tengo FB pero sólo lo uso con fines profesionales; es decir, para comunicar todo lo relacionado con mi música y demás. Lo más íntimo que puedo postear es algo relacionado al hecho de tocar el piano en mi casa. Al Twitter no lo uso y mucho menos a Instagram”.

“Por suerte tengo a mi hijo community manager –continúa–para que maneje esas redes. Lo cierto es que voy a cenar el Día de los enamorados y veo a una pareja sin hablarse porque cada uno estaba muy concentrado mirando su celular. Por un rato largo, el único vínculo que generaron fue la foto que le sacaron a las piezas de sushi”, amplía Mateos, quien en la canción en cuestión clama por “sólo un gesto de amor de verdad”.

“Al cabo se trata de eso, de que hice una canción sobre algo que nos atraviesa. Recuerdo que estaba con Alejandro trabajando y pensé en el título en plena lluvia de ideas. Me fui a dormir y al otro día completé. No despotrico contra este tiempo, apenas lo analizo de acuerdo a mis pareceres y lo confronto con mis capacidades como músico”, cierra.

Recuperado

Miguel Mateos fue uno de los beneficiados por la recuperación del catálogo del sello Music Hall que impulsó el Instituto Nacional de Música (Inamu). Se trató de una iniciativa colegiada, cuyo fin último fue rescatar los másters de obras de la música nacional que se habían esfumado en un vórtice judicial. “Atravesamos todas las instancias que te puedas imaginar antes de este logro _revela_. Todas humillantes. Los primeros contratos de los ‘80 eran realmente leoninos… Esta es una lucha que venimos sosteniendo desde hace años, pero habíamos desistido porque no parábamos de encontrarnos con personajes inescrupulosos”.

“Yo siempre decía que la única forma de lograrlo era haciendo algo colegiado. Y el tiempo me dio la razón. El Inamu, como defensora de nuestra música, era la institución que podía sentar a estos tipos en un juzgado y decirles ‘OK, esto es lo que hay’. El asunto es que hubo un acuerdo económico con los representantes de Music Hall, que después de tres quiebras no se sabía bien quiénes eran, y se recuperaron 1500 fonogramas”, detalla.

Así las cosas, Mateos dice que el Inamu cede los derechos de estas obras a sus verdaderos dueños: “Es una licencia finita de 35 años. Por nuestra parte, con Alejandro, que es con quien firmábamos aquellos contratos, nos encargaremos de hacer los vinilos de Zas, Huevos, Tengo que parar, Rockas vivas, Solos en Américay Mensajes en la radio. Vamos a remasterizar y editar en ese formato. También lo haremos en CD para un lindo box set. Todo está previsto para la segunda mitad de este año”.

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