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Psicólogos hablan del peso trágico de ser una estrella de rock

La muerte repentina de una estrella de rock siempre despierta emociones encontradas. Son imposibles de evitar: por su popularidad y la cobertura mediática que provoca, muchísima gente siente la necesidad de expresar su opinión. El fan lo lamenta, el detractor o el cínico aprovecha para burlarse o remarcar que su música nunca le gustó, el colega lo despedirá con un texto sentido, los panelistas improvisarán algún análisis… En definitiva, un loop de sensaciones que se reproduce durante algunos días, hasta que la agenda imponga otra cosa. La última de estas tragedias ocurrió la semana pasada, cuando comenzó a circular la noticia del suicidio de Chester Bennington, vocalista del grupo de nü metal Linkin Park. Tenía 41 años y seis hijos.

El hecho presentaba características de una novela policial. Bennington era amigo muy cercano de Chris Cornell, ícono grunge que se quitó la vida en mayo pasado, una muerte lo afectó profundamente. Casualidad o no, el cantante de Linkin Park eligió el 20 de julio para tomar la drástica decisión, día del cumpleaños de Cornell. Al igual que este último, no dejó una carta que anunciaba su final, pero en algunas entrevistas ya ofrecía algunas pistas de que las cosas no estaban bien.

En un video que se viralizó en los últimos días, Bennington aparece en un estudio de radio con una actitud abiertamente confesional. Mientras el conductor del programa intenta llevarlo hacia el single que promociona, el cantante habla de su fragilidad psíquica. “Este lugar aquí, este cráneo entre mis orejas, es un mal vecindario”, dice mientras apunta un índice en su sien. “No debería estar allí solo, no puedo estar allí por mí mismo. Es una locura aquí. Es un mal lugar para estar solo, hay otro Chester ahí que quiere derribarme”.

Para alguien que no está demasiado familiarizado con el caso, la noticia puede generar dudas comprensibles, más por la ignorancia que por la crueldad: ¿qué lleva a una estrella que aparentemente tiene todo –éxito, fama, dinero, reconocimiento– a tomar una decisión así? Nadie puede saber a ciencia cierta qué ocurre en la cabeza de un artista conflictuado, pero sí es posible intentar un acercamiento para comprender cómo funciona una personalidad así. ¿Es muy diferente a la de una persona común y corriente?

“Sí, básicamente por la relación con el éxito y el público. Eso determina la diferencia entre un paciente común y el artista. Cuando un músico me viene a consultar por problemas con lo artístico, el atravesamiento tiene que ver con el éxito y el público”, dice Fabio Lacolla, psicólogo, músico y autor de Estar en banda. Psicología del músico de rock, un libro en el que analiza el género desde diversas ópticas y también entrevista a varios músicos argentinos que de alguna u otra manera han tenido que salir adelante en sus carreras después de un problema.

En el caso de Bennington, Lacolla observa que el cantante ya venía manifestando los problemas que tenía con las adicciones, pero también plantea que lo afectó profundamente esa muerte cercana. “Escribió una carta muy sentida cuando ocurrió la muerte de Chris Cornell. Tenía una fuerte identificación con él, se veía reflejado. A veces el suicidio se contagia, lamentablemente. Acá yo creo que había una cuestión como de competencia entre ellos, por lo menos del lado de Chester. Había una fuerte identificación, envidia, competencia… Todos sentimientos primarios que tiene una persona, más allá de sus problemas personales. Si tanto lo admiraba, y el maestro dijo que el suicidio podría llegar a ser una solución a los conflictos, siguió ese camino, lamentablemente”.

Morella Mor, licenciada en Psicología especializada en el mundo de la música, sostiene que muchas estrellas “están muy desatendidas en lo afectivo”. Luego amplía: “Nosotros nos movemos en la vida por pequeñas insatisfacciones, de alguna manera. Hay algo que nos mueve a decir ‘hoy tengo que conseguir esto, mañana esto otro’. Con un músico de este nivel, que lo tiene absolutamente todo, se da por sentado que está bien, que tiene todas las carencias satisfechas, y no es así en absoluto. El lugar del músico endiosado es muy fuerte y difícil de sostener. Hay un montón de cosas que se desatan cuando alguno de estos artistas toma estas decisiones. Es un peso jodido de soportar. Ser un Maradona, un Messi, una estrella de rock… Hay mucho para pensar en relación a eso”.

Drogas y rock and roll

Cuando muere una figura pública asociada a los excesos, sea músico, deportista o actor, siempre sobrevuela el fantasma de las drogas. Pero el asunto siempre es más complejo que la demonización de una sustancia. “El consumo está antes, siempre. Cuando un músico es popular, por supuesto que tiene más acceso que otra persona, con los famosos ‘amigos del campeón’. Pero la droga destapa, pone en evidencia”, dice Lacolla. “Por lo general, la gente cree que uno pasa un momento difícil, entonces la droga tapa. Y es justamente lo contrario. Siempre digo que la genialidad pre-existe al consumo. De lo contrario, cualquier consumidor podría componer el Sargeant Pepper. En todo caso, como la droga potencia lo que uno es, si sos un genio, tal vez puedas potenciarlo. Pero en muchos casos, las estrellas de rock son personas con muchos problemas y las drogas destapan eso. El músico tiene la esperanza de que la droga lo transforme, pero no lo transforma: en todo caso lo desnuda”.

Junto con el dolor que experimentan los familiares y fans, los integrantes de la banda que sufren la pérdida de uno de los suyos deben plantearse un debate complicado: seguir o parar. Lacolla trabajó con grupos que sufrieron bajas, sea por tragedias o decisiones artísticas. ¿Qué los hace salir adelante en estas situaciones?

“Primero, una fuerte convicción de que la salida está a través del arte. El arte y la salud mental van generalmente de la mano. También un fuerte compromiso ideológico, porque ante una situación así de dolorosa, uno se empieza a replantear un montón de cosas y tiene que sentar una posición frente a eso que ocurrió”, sostiene el psicólogo. “El público te hace aparecer y desaparecer, cuando va en busca de otra cosa. Salvo los fieles seguidores, los retromaníacos, el resto puede abandonarlos. Por eso se necesita el amor propio, la cohesión grupal, y defenderlo desde el arte, que es un gran instrumento”.

A fin de cuentas, el humano que habita el cuerpo de una estrella tiene las mismas necesidades y padece los problemas que puede tener una persona normal. “Yo trabajo con el artista debajo del escenario. Lo que uno ve arriba es una puesta en escena”, dice Lacolla. “De alguna manera todo lo que hace es para ser querido. Los problemas giran en torno a eso, no tienen que ver con la creatividad. En un contexto terapéutico, tiene que dejar la genialidad afuera del consultorio”.

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