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Joe Blaney: “Apuesto que en un concierto de Calamaro la mayoría de canciones son de Alta suciedad y Honestidad brutal”

El productor Joe Blaney tenía experiencia con Charly y su naturaleza excesiva. Había trabajado con The Clash, Prince y Keith Richards. Pero nunca se imaginó que, de la mano de Andrés Calamaro, tras el éxito de Alta suciedad y Los Rodríguez, embarcarse en Honestidad brutal sería una experiencia salvaje. “Teníamos como 30 canciones, comenzamos a hacer overdubs y agregarles cosas, y después me dice que quiere hacer el disco con 100. Le dije que era la idea más desquiciada que había escuchado en todo el mundo”, cuenta al teléfono para Culto.

Joe Blaney, el renombrado productor norteamericano, conversa con Culto sobre su trabajo junto a Andrés Calamaro en dos de sus obras clave: Alta suciedad y Honestidad brutal. El primero, un éxito que llegó de la mano de lo cosechado con Los Rodríguez y, el segundo, un álbum marcado por turbulencias personales y la necesidad de catarsis, que terminaron por hacer colapsar la relación entre el artista y el productor. “Bueno, yo tenía experiencia lidiando con situaciones difíciles, todos conocen a Charly”, dice al teléfono Blaney, el hombre que estuvo con el bicolor en clásicos como Clics modernosPiano bar y Parte de la religión. “Incluso Andrés me despidió una vez”, sentencia.

“Como productor, en diferentes discos contribuyes de diferentes formas”, dice Blaney. Conoció a Calamaro primero como miembro de Los Rodríguez, con quienes trabajó en Palabras más, palabras menos. “Hicimos un muy buen disco juntos, y luego él quiso hacer un disco solista. Era fines de los noventas y no había una forma fácil de ingeniárselas para hacer eso”.

Blaney decidió llevar a Calamaro a Nueva York y aproximarse a la tarea haciendo eco de los gustos personales del Salmón: la música de fines de los años setenta. “Quise hacer el disco con sesionistas de gran experiencia. Ellos no conocían las canciones ni a Andrés. Los trajimos al estudio y les mostramos los demos con las canciones. Eran buenos demos, que estaban hechos en su departamento en Madrid”, cuenta.
Blaney y Calamaro confiaron en la flexibilidad de los músicos. El guitarrista y el bajista eran mucho más viejos que ellos, pues eran sesionistas que venían trabajando desde fines de los años sesenta. “Confiamos en su habilidad para desarrollar e improvisar sus partes y escuchar lo que Andrés había tocado en sus demos. Resultó que hubo muy buena química. Para mí, fue algo así como una apuesta hacer el disco de esa forma, porque era totalmente como si estuviéramos grabando un álbum en 1977. Era algo normal para ese año pero no para 1997”. Joe cuenta de que nadie en la discográfica estaba muy seguro de la idea en un comienzo. “Ellos apoyaron mucho y confiaron en Andrés y nosotros. Sentí que era algo bueno, porque estuve más involucrado en la planeación y todo salió muy bien”, explica. Ese disco sería conocido como Alta suciedad.

“Yo le recomendé gente”, continúa. “Él tenía experiencia trabajando con un buen amigo mío, el baterista Steve Jordan, ya que estuvieron en un proyecto juntos en España unos años antes y yo había trabajado con él un par de veces. Los otros tipos fueron sugerencias mías, más que nada porque conocía a la gente que estaba en Nueva York. El guitarrista era Hugh McCracken, y pensé en él porque Andrés tenía canciones de muchos estilos variados, entonces era difícil encontrar un guitarrista que fuera tan versátil. Y cuando le mencioné a Andrés que me gustaba McCracken estuvo feliz, porque había tocado junto a Steely Dan, Paul Simon y Aretha Franklin. El otro guitarrista era un amigo mío, Marc Ribot, que tocó en Rain dogs de Tom Waits y Andrés es fan de ese disco. Intenté encontrar músicos que le gustaran a él porque sabía que íbamos a tener que pasar harto rato juntos y yo conocía sus gustos. Él era muy fan de la música de fines de los setenta más que de los ochentas”.

Una bomba

Blaney escuchó los demos de Andrés un par de meses antes de que empezaran a trabajar en el Alta suciedad. Con las canciones dando vuelta, pensó mucho respecto a qué músicos convocar, y hubo que hacer ciertos ajustes posteriores. “El primer bajista que contraté fue Chuck Rainey, uno de los mejore bajistas del mundo. Pero él toca muy elegante y algunas canciones eran muy rockeras. Así que pensé en contratar a otro bajista, Charly Dryton, porque Steve Jordan había trabajado con él en la banda de Keith Richards. Entonces tuvimos a Chuck tocando en dos canciones y Charly en cinco, algo así. Tuvimos que usar tres guitarristas distintos también, pero todo terminó funcionando grandioso”.

La gracia de Alta suciedad, para Joe, fue que las canciones terminaron en el disco enriqueciéndose gracias a las interpretaciones de los músicos. “Se grabaron en tal vez una hora y media o dos después de haber escuchado la canción por primera vez. Entonces tenían un sentimiento fresco al aproximarse a ellas. Acá en Estados Unidos es común este tipo de discos desde 1950, utilizando músicos sesionistas que trabajan en eso. Pero en España y Argentina creo que no es normal esa aproximación”. Blaney recuerda el caso de Los Rodríguez: “Con ellos nos tomamos más días en grabar el disco y nos pusimos también a trabajar en los arreglos. En este caso, en Alta suciedad, tuvimos que trabajar rápido porque los músicos son caros”.

-Las canciones de Andrés, ¿estaban ya completas en los demos en cuanto a música, letra y arreglos?

-Todo estaba completo en los demos. Se hicieron en días en que los estudios caseros eran de la misma calidad que un estudio. Era un 8 track o un 16 track. Hay una canción que es “Todo lo demás”, donde me gustaban mucho los vocales secundarios de Andrés en el demo, así que al final esa no la grabamos con la banda e hicimos que cada músico hiciera overdubs. Copié el demo de Andrés en una cinta de 24 pistas y cada músico tocó encima uno a la vez. Esa fue la única que se hizo distinto. Para las otras no usamos nada de la información exacta de los demos. Se hicieron con una sesión de grabación básica y luego, cuando hicimos overdubs, Andrés tocó partes de teclados y vocales para los cuales ya tenía hechos los arreglos. Yo adherí bronces en algunas, McCracken tocó una coral sitar en “Flaca”, e intentamos hacer esas cosas. Trabajamos tan rápido intentando ser eficientes que en las sesiones de overdubs se grabaron unas canciones nuevas. Una de esas fue “Comida china” y la otra “El novio del olvido”, que fueron hechas solo con los músicos de los overdubs pero sin baterista. Así que creo que hicimos toda la grabación básica en cinco días y nos pasamos ocho o diez en los overdubs y en esas dos canciones nuevas. Nos tomamos dos semanas y media mezclando en Miami.

Nunca es igual

Honestidad brutal fue completamente lo opuesto, “pero muy similar en el sentido de que Andrés estaba sacando canciones muy buenas”, reflexiona Blaney. “El primer demo que me mandó para Alta suciedad tenía diez canciones y le dije que me gustaban algunas pero que otras no eran tan buenas. Entonces le pedí que escribiera algunas más, y en una semana me mandó otras diez. Y me dijo ‘olvídate del primer CD que te mandé, este es el disco’. Y le dije, ‘no, no. Escojamos las mejores de los dos (risas)’, y cuando empezamos a trabajar en Honestidad brutal algunas canciones ya estaban escritas”.

Calamaro se encontraba en un momento complejo. Se enfrentaba al quiebre de su matrimonio y pasaba mucho tiempo componiendo. “Estaba en Argentina y su hermano tenía un pequeño estudio donde hacían música para comerciales y jingles. Creo que estaba instalado en una casa o algo así, no era un estudio de verdad propiamente tal, todo era semi profesional y se usaban cintas de video para registrar”.

Cuando comenzaron a ver el material para el disco, Andrés llegó donde Joe con una maleta llena de esos videocasetes. “Me dijo ‘este es el álbum, porque mis interpretaciones son tan grandiosas que no podemos hacer algo mejor’, y eso me choqueó un poco. No lo entendía, porque la industria era más seria para hacer un disco en este tiempo. Costaba dinero el estudio, ponerse a mezclar, pagarme a mí, y la compañía gastaba mucha plata promoviendo un álbum. Sentía que, si habíamos tenido éxito con Los Rodríguez y con Alta suciedad, había una responsabilidad de hacer el mejor álbum posible entre nosotros dos”, confiesa Blaney.

Calamaro había estado leyendo una biografía de Dylan y pretendía enfrentarse a Honestidad brutal de una forma bien diferente a lo hecho en Alta suciedad. “Quería algo como Dylan en Blonde on blonde. Pero, la diferencia es que Dylan estuvo en Nashville con un equipo de buenos músicos y había una química mágica, y el productor conocía a estos músicos entrenados. En el caso de Andrés la idea era algo parecida, pero en vez de ir a un estudio profesional con músicos sesionistas lo hizo con amigos que, aunque algunos eran buenos músicos, era un ambiente donde todo era bien casual y suelto”.

Donde manda marinero

A Calamaro le gustaban sus grabaciones porque, según Blaney, capturaban el sentimiento exacto de cuando las estaba terminando de componer. “Creo que a Andrés le gustaban porque tenían esta inspiración, pero en el aspecto de las interpretaciones las encontré muy descuidadas y eso baja el nivel al hacer un disco. El otro problema es que teníamos como 30 canciones, comenzamos a hacer overdubs y agregarles cosas, y después me dice que quiere hacer el disco con 100 canciones. Le dije que era la idea más desquiciada que había escuchado en todo el mundo”.

-Es exactamente lo que hizo después en El Salmón.

-Y estoy muy feliz de no haber estado ahí en ese punto (risas), pero es exactamente lo que hizo y estaba determinado a hacerlo. Al menos pude decirle que no lo hiciera ahí e influir en eso. Creo que Honestidad brutal es un buen disco pero le sacaría unas seis o siete canciones. Así sería mejor, creo que fue muy lejos en cuanto a lo que puedes esperar de tu público.

-Tal vez en ese momento no le interesaba pensar en el público.

-Creo que Honestidad brutal es un producto de ese momento en el tiempo, de encontrarse siendo un rockero solista muy exitoso. Realmente creo que sintió que el éxito de Alta suciedad le daba rabia, y le daba rabia pensar que yo hubiese hecho que fuera un éxito. Porque “Flaca” fue un gran, gran éxito. Y cuando partimos con Honestidad brutal me dijo que no le gustaba mucho como quedó Alta suciedad, que prefería sus demos. Y no sé si era su idea, pero lo usó para justificar el hecho de que quiso usar sus propias grabaciones para Honestidad brutal y creo que, en ese momento estaba más inmerso en componer. Creo que intentaba probar que era un artista especial, porque sintió que ciertos aspectos del disco anterior eran muy comerciales. Tenía esta idea de que quería ser más serio. Yo ni siquiera hice algo que no fuera lo que se suponía que tenía que hacer. Cuando escuché el demo de “Flaca”, ya sonaba como una canción que sería un hit. Yo no intenté en convertirla en otra cosa, solo traté de mejorarla. La canción ya estaba así en el demo en muchos aspectos, en las voces, en las voces secundarias, y todo sonaba tal como terminó en el disco. La banda, claro, lo hizo más especial. Estaba en “Flaca” la guitarra de McCracken, él tocó de forma sorprendente y era el mejor músico que teníamos, eso era como haber encontrado oro. No me disculpo por eso, hice lo mejor y estoy feliz con el disco pero, en ese momento, para Andrés Honestidad brutal era una forma de que lo tomaran más en serio o algo así.

-¿Fue muy difícil intentar convencerlo sobre cómo aproximarse a las canciones?

-Sí, fue muy difícil. En Alta suciedad y tras el éxito de Los Rodríguez, Andrés confiaba en mí y eso es importante para la relación entre artista y productor. Si no tienes eso es imposible que hagas un buen disco. En el caso de Alta suciedad él confió en mí y yo decidí confiar a la vez en mi intuición e instinto para hacer las cosas de esa forma. Fue suerte que todo saliera bien. En Honestidad brutal no tenía dónde elegir, porque la calidad de algunas grabaciones no era buena. Su forma de cantar lo era, pero había ruido de fondo ya que no se había registrado en un estudio bien aislado ni profesional. Entonces, se colaban los vocales en las pistas y había feedback en algunas partes. Mi trabajo ahí fue intentar quitar las fallas de las grabaciones.

No va más

Blaney recalca que en un comienzo Calamaro estaba OK con cantar el material de Honestidad brutal nuevamente, pero que posteriormente se dio vuelta —como buen Salmón. “Entremedio él dice que no, que las voces de las grabaciones están muy bien y que tienen el sentimiento del momento. Claro, él había estado leyendo una biografía de Dylan y tenía esa idea, que no era una idea mala si se hubiera hecho en un estudio más profesional. Él estaba tratando de pasar un buen momento con amigos y su hermano tenía un estudio y quería grabar hartas canciones. Entre esos dos discos —Alta suciedad y Honestidad brutal— los fans no escuchan diferencias (risas). No las notan porque las canciones tienen un estilo, pero yo siento esos elementos diferentes en la calidad. Alta suciedad es un disco que la gente joven sigue descubriendo el día de hoy y lo aman, es muy potente”.

-Pasando por una etapa personal difícil, de seguro la intención de Calamaro en Honestidad brutal era deshacerse de esos sentimientos rápido y nada más.

-Algo así. Había muchas cosas pasando en su vida. No sé en qué esperaba convertirse cuando dejó a Los Rodríguez, pero escribió éxitos y yo los grabé y los produje de la mejor forma en que sabía hacerlo. Diría que Honestidad brutal es un buen documento de cómo estaba su vida en ese momento, con ese estilo rockstar que no cuajaba con su vida matrimonial. Ese disco fue trabajo duro y tal vez lo más difícil fue que eran muchas canciones. Porque, si eres un productor y una banda te pasa 12 o 15 canciones, ya es difícil ver los aspectos de cada una y decidir qué poner de overdub y ver el proceso creativo en cada caso. Pero si un artista llega con 35, 40, 60 canciones tú dices: ‘¡Espera un momento! ¡Esto es una locura!’ Y en ese tiempo no había email, había fax. Yo todos los días le mandaba un fax a la discográfica diciendo que si por favor podían hablar con este tipo y hacer que entrara en razón para que pudiéramos hacer un disco. En la discográfica, que era independiente y la había comprado Warner, tenían un sentido de ser amigables con el artista y decidieron dejarlo hacer lo que él quería hacer. La mayoría de la batallas entre nosotros dos fue por eso, porque no siento que un productor se pueda concentrar con más de 20 o 25 canciones. Incluso con más de 15 o 16 se pone difícil.

Honestidad brutal es un gran álbum, solo pienso que es muy largo. Me hubiera gustado que las canciones fuesen más cortas y que hubiéramos podido grabar algunas de nuevo, tal vez hacer las voces otra vez. Sentía que en ese momento yo tenía que tener esa decisión también, que era parte de ser un productor responsable. Pero sé que a los fans les gusta y que fue un éxito. Siento que igual hice una contribución importante en tomar lo que tenía y trabajar para que fuera un disco apropiado. Pero bueno, esa fue la última vez que trabajamos juntos (risas)”.

Joe tenía experiencia con situaciones difíciles. Había trabajado con Charly desde Clics modernos y conocido le era toparse con naturalezas excesivas. “Con Charly siempre pasaba algo. Él también llegó a un punto donde no quería grabar más partes. Como tenía experiencia con este tipo de cosas, fui paciente con Andrés, que incluso me despidió una vez. Yo había volado a Argentina para la segunda fase del trabajo en el disco, cuando íbamos a grabar más canciones, y estando allá tuvimos una batalla y me dijo que me fuera a mi casa. Yo estaba a punto de tomar el avión, tenía los pasajes, y él me llama al hotel diciéndome que no me fuera. Bueno, así era la relación que tuvimos haciendo ese disco. Al final él no se quiso quedar en Miami para la mezcla, y quedé yo terminándola solo. Le pedí a Guido Nisenson que viniera porque él había grabado la mayoría del material y fue bueno tener a alguien a quien preguntarle si esto sonaba bien o no (risas), cosas así. No teníamos Internet así que no podíamos mandarle la mezcla a alguien y seguir al día siguiente”.

-Fue toda una experiencia salvaje, ¿no?

-Fue toda una experiencia salvaje, pero estoy feliz de que a los fans les gusten esos discos y los sigan comprando. Y apuesto a que en un concierto de Andrés la mayoría de las canciones que toca son de esos dos. Así que eso habla por sí solo.

Fuente: culto.latercera.com

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