Home / Noticias / Educación desde el hogar: el desafío mundial que nadie esperaba

Educación desde el hogar: el desafío mundial que nadie esperaba

El avance de la pandemia tras la expansión del virus Covid-19 ha requerido cambios rápidos y estructurales en múltiples sectores sociales. Uno de ellos es sin dudas la educación, que a nivel mundial debió adaptarse a un nuevo contexto. Los estudiantes no pueden asistir a las aulas por las restricciones emitidas para mitigar el contagio del nuevo Coronavirus.

En Argentina, y en Córdoba en particular, el sistema educativo dio un giro de 180 grados y se instaló en cada uno de los domicilios donde haya un estudiante.

La sede de la Universidad Siglo 21 en San Francisco expresó, a través de una publicación en la red social Instagram, el siguiente mensaje: “Como líderes en educación y en la modalidad mediada por la tecnología, es el momento de legitimar una opción pedagógica inclusiva, de probada calidad, alta flexibilidad e impacto. El mundo aprende y explora la educación virtual”. Por su parte, la rectora de la Universidad Siglo 21, María Belén Mendé, analiza esta situación.

–¿Qué ha demostrado este giro inesperado del sistema educativo?

–Primero, la capacidad de resolver una situación crítica. Pero además, el mundo ha legitimado este modo de educar que ya tiene décadas. Las primeras experiencias datan de la década del 60, con resultados no tan positivos. Pero con el desarrollo de la tecnología se ha dado un crecimiento exponencial. La coyuntura que se generó a raíz de la pandemia que estamos afrontando impulsa a que el Estado y la comunidad del mundo produzcan cambios positivos.

–¿Cómo se puede denominar a esta estrategia que han adoptado todas las entidades educativas?

–No creo en la denominación de “educación a distancia”. No responde a la realidad. En la Universidad Siglo 21 hablamos de educación mediada por tecnología. Aquí no importa el grado de presencialidad, o el medio por el cual se desarrollen las prácticas. Lo que realmente importa es que el modelo académico sea robusto.

Muchos colegios y universidades que presentan un modelo educativo relevante deben mostrar esto. Y lo tienen que hacer llegar a través de las nuevas tecnologías, siendo que las tecnologías amplifican lo bueno y lo malo. Es por eso que deben prepararse. A su vez, la tecnología aporta a lograr una experiencia educativa flexible, adaptada a lo que hoy esperan los alumnos.

–¿Cuáles son los cambios entre una situación aúlica y otra virtual?

La sola posibilidad de sentarse en la casa con un instrumento tecnológico, los estimula, los desafía. Ante este nuevo escenario, estoy entusiasmada. Desde el lado del Estado, tanto en sus esferas provinciales y como el nacional, vienen acortando la brecha del acceso digital hace 10 y 15 años.

Reparte laptops, genera puntos de conexión a internet. Pero lo que importa es actuar sobre el componente de transformación cultural de los docentes y los alumnos. Es importante remarcar que cuando se quieren replicar las actividades que están diseñadas para el aula, posiblemente el resultado no sea empático y pase por alto la reacción potencial del estudiante. Cuando un educador quiere llevar una clase presencial a la virtualidad, puede fracasar. La lógica, en el entorno virtual, es otra. Pasa por la autonomía, la inmediatez, la curiosidad y el desafío.

–¿Se puede hacer una lista con potencialidades educativas?

Las experiencias deben facilitar objetos de aprendizaje que te conecten, que te inviten a poner en marcha el pensamiento. Una herramienta a la que apelamos en nuestra universidad es el diseño instruccional. Hay diseños que son capaces de provocar la autonomía y la búsqueda. Se debe pensar en la didáctica de los retos, de los aprendizajes basados en problemas. El alumno debe ocupar el centro del escena, porque se convierte en el protagonista.

Sin embargo, en las actuales circunstancias tenemos que ver estas experiencias no con el ojo del éxito de la formación, sino como una herramienta de socialización. En este momento no hay alguna casa que no esté desafiada en la convivencia, en el respeto individual hacia el tiempo y también por el miedo. El desafío es contener a los alumnos y proveer actividades de manera permanente para no perder clases y contenidos. Esto nos enseña también que una situación compleja no es un momento de diversión y descanso. Aporta a crear mayor cultura del trabajo. Y en muchas casas están los papás trabajando y los chicos estudiando en el mismo ámbito.

Fuente: La Voz del Interior

link

QUE TE PARECIÓ LA NOTICIA