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Ciro y Los persas en River: una fiesta en tiempo presente con sabor a ritual piojoso

Al frente de su banda, el cantante y compositor fue el bastonero de una celebración sostenida por su vigorosa actualidad y un pasado amplificado por su reencuentro con tres viejos compañeros de ruta.

“Que placer verte otra vez, nos decimos sin hablar. (…) Y será lo que ya fue”. Como un presagio, la letra de Antes y después de Ciro y Los Persas se cumplió en una noche de consagración y recuerdos. El Monumental fue tomado el sábado por los fanáticos de Los piojos. Pero esta vez, a diferencia de lo que sucedió en ese mismo estadio unas cuantas semanas atrás, el espectáculo sí comenzó, y la espera de la multitud por alrededor de una seis horas tuvo una enorme recompensa musical, coronada con un emotivo reencuentro con viejos amigos de un glorioso pasado.

Con una previa de la mano de tres ex integrantes de la banda formada en 1989, Chuky de Ipola, La Chilinga, el baterista Daniel Buira al frente de La Chilinga, y La Que Faltaba, de ‘Micky’ Rodriguez, el climax de la larga jornada que se vivió en el estadio de River llegó a su punto máximo a las 22.10, con el comienzo de Ciro y Los persas.

Familias enteras, que aportaron al paisaje un amplio abanico de edades, celebraron con una buena dosis de nostalgia la actualidad de los conjuntos que forman los ex Piojos. Hasta que llegó el saludo de Andrés Ciro Martínez. “Muy buenas noches River Plate, una alegría estar de vuelta en este lugar”, dijo, antes de confesar que la idea de este show nació tras la despedida de Los piojos, en ese mismo lugar frente a 65.000 personas y hace poco menos de una década.

“Después de aquella fecha de mayo (2009), después de una historia maravillosa, me junté con Juan (Gigena Ábalos, guitarrista). Él me preguntó si yo quería tocar, hacer una banda o qué. Yo le dije: ‘Quiero tocar en River'”. Y el músico cumplió, consagrándose como el primer artista argentino en tocar en el emblemático estadio con dos proyectos distintos.

Con banderas, un par de bengalas -encendidas desde el campo- y muchas remeras piojosas, la noche parecía una postal noventista, de esas que ya no se ven tan a menudo. Este contexto -y un elefante inflable gigante en el escenario- dieron pie al comienzo, con Banda de Garage. Y a apenas cinco minutos de haber comenzado el show, Fácil Desde lejos no se ve hicieron vibrar Núñez con los saltos de la multitud.

El más reciente Naranja persa 2 marcó territorio con Prometeo, primero, y seguiría haciéndolo poco después con Un hombre másPor cel y Dale darling, intercaladas con otras piezas de diferentes cosechas.

“Les quiero agradecer muchísimo por habernos acompañado a los Persas y estar acá, a pesar de la crisis y de lo difícil que es comprar una entrada. Mucha gente lo está viendo por internet. Asi que, un saludo para todos ellos”, expresó Martínez antes de mostrar un video filmado de la gente entrando al Monumental sólo unas horas antes, en Me gusta.

El amor llegó rápido y efectivo, una melodía directo al corazón con Canción de cuna, y ese protagonista implícito en la letra se hizo presente a los pocos minutos. El nexo con las generaciones más jóvenes estuvo a cargo de Alejandro Ciro Martínez, la descendencia masculina del cantante, que subió al escenario y que, como pez en el agua, hizo un mash up de Pistolas con She don’t give a FO, del trapero Duki.

De este lado, los más chicos del público le explicaron a sus padres qué era eso que había cantado Alejandro. Aplaudido por todo el campo, se retiró; pero antes le pidió a su padre el micrófono y saludó a toda su familia, sus amigos, “Santino, Mati y todos los que me conocen”. Enseguida, luego del bloque familiar, Julieta Rada luciría su potencia vocal y su herencia recibida de papá Rubén.

“Seguimos compartiendo la pasarela con bellezas”, bromeó Ciro, para abrirle la puerta al pasado más lejano, y en el a un recordado clásico de Los Piojos, Tan solo, con el bajista Miguel ‘Micky’ Rodriguez.

Buen marco para otra de las sorpresas de la noche. “Los que vinieron a River la última vez se van a acordar de él”, presagió Ciro, y Alejandro Bellosa, el fanático que había sido la voz de todos aquellos los que lágrimas le dijeron adiós Los piojos salió a escena. “Hace nueve años despedíamos a la banda más importante de nuestras vidas. Yo tenía el honor de leer una carta que les había mandado. Desde entonces seguí al proyecto nuevo. Hoy volvimos con Naranja Persa 2, en River Plate. ¡Llegamos, muchachos! Son músicos del carajo y enormes personas. Festejemos que estamos juntos”, cerró, emocionado y ovacionado.

La fiesta siguió a puro salto y baile de la mano de La Chilinga y sus plan de murga multitudinaria como continente de Verano del 92. Y enseguida Andrés, Chuky, Micky y Daniel revivieron Luz de Marfil. El “ritual” no terminaría ahí. Más tarde, Los persas dejarían al desnudo su esencia piojosa en Como Alí.

A pura celebración, la emoción fue conjunta y el público fue parte del show al punto de decidir cómo se continuaba. Por votación popular, ganó Morella, con una mayoría de manos levantadas, y pasadas las tres horas de concierto, el esa fábrica de rock comandada por Ciro seguía musicalizando el barrio, haciéndole honor a eso del Antes y después que había sonado unos minutos antes.

La fiesta cerró con una larga despedida -, que culminó pasada la 1 de la mañana al ritmo de una potente versión de Astros, después de un repaso piojoso final. “Felices fiestas y que todos tengamos un mejor año. Gracias”, concluyó Ciro, y le puso punto final a un festejo en familia, con unos cuantos grandes viejos amigos que se volvieron a encontrar.

Clarín

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