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Chano: “Me cuesta portarme bien”

Tras los escándalos, volvió al ruedo musical como solista. Quiere ordenar su vida pero admite que no le resulta fácil. Un rock star entre terapias y soledades.

Los primeros en llegar son dos hombres robustos, vestidos de traje negro. Uno más alto que otro. Tienen pinta de actores salidos de una película de Danny de Vito, pero no. “Somos los guardaespaldas de Santiago, venimos a revisar el lugar”, anuncian al llegar al lobby del hotel Nuss, de Palermo. Serios, pero correctos, preguntan dónde se van a hacer las fotos, chequean las habitaciones elegidas y los tranquiliza saber que no se harán tomas en el exterior. Un alivio, quizá, teniendo en cuenta que custodian a un rock star. Con todo revisado, vuelven a la entrada a esperar por él.

Cuarenta y cinco minutos después, a las cuatro de la tarde, llega Santiago Chano Moreno Charpentier (35). Y lo hace manejando su nuevo auto, un Citroen DS4. No es un dato menor teniendo en cuenta que, en agosto de 2015, en un episodio confuso, embistió a ocho autos estacionados en el barrio de Belgrano y fue sacado de su camioneta a los golpes. Este año, en marzo, se quedó dormido manejando cuando volvía de ensayar la película El niño por la ruta 3, camino a Cañuelas, e impactó contra la parte trasera de un camión. De milagro, sólosufrió la rotura del tobillo derecho.

Fueron apenas dos síntomas de una vida vertiginosa, con excesos, rehabilitaciones por drogas, romances mediáticos y una ruptura escandalosa con su última pareja, Militta Bora, con rumores mediáticos de violencia.

“Vivo a mil desde que soy chiquito. Me acuesto a las tres de la madrugada, duermo poco y soy hiperquinético. Todo el tiempo estoy haciendo cosas”, asume Chano en diálogo con Viva. Teniendo en cuenta su propensión al vértigo, algo puede cambiar entre el cierre de esta nota y su publicación. Vale decirlo.

Está fisicamente distinto. Se cambió el corte de pelo: ahora tiene un jopo largo que le cae en medio de la cara, algo desprolijo. A veces se lo peina para atrás. “¿Te gusta mi nuevo corte? Tenía que despegarme del look de Tan Biónica”, explica mientras lo maquillan en el baño de la habitación número 19 del hotel.

"Soy un solitario", dice el cantante.

“Soy un solitario”, dice el cantante.

Hay mucha gente alrededor. Está Mariano, su vestuarista desde hace cinco años; su asesor de imagen; un peinador; la productora y dos representantes de Universal Music, el sello discográfico que le está produciendo sus nuevas canciones. También entra en escena una chica rubia, joven, de mediana estatura, con una valijita de mano, que pregunta dónde se cambia. Es una de las bailarinas que lo acompañan en su nueva etapa como solista. Porque ahora Chano canta solo y baila. Las convocó para hacer una foto con ellas y sentirse, si se quiere, más acompañado.

Tiene un dejo de melancolía en la mirada y necesita contar lo que pasó con su banda, con la que llenó varios Luna Park, con la que recorrió el mundo y ganó premios, con la que se convirtió en ídolo. Con la que ahora no toca. “A mí me costó mucho este parate. Mucho. Te voy a confesar algo. Cuando se produjo el impasse, yo no hablé con los medios. Pero me enfermé. Empecé con fiebre, tenía el cuerpo contracturado. Llamé al médico de OSDE porque hacía varios días que tenía temperatura y los tobillos hinchados. Y siempre tengo el fantasma de mi viejo, que lo vi morir a los 45 años de cáncer (se llamaba Freddy, era abogado y murió en 2013). Vino el médico y me dijo que tenía que internarme, que me tenían que chequear. Mis amigos Esmeralda Mitre y Darío Lopérfido me ayudaron a hacer una internación secreta en el Instituto del Diagnóstico. No me encontraron nada. Tenía fiebre por estrés. Yo sólo estaba triste por el distanciamiento. Porque me crié con ellos, compartiendo la ruta, el mate, lo bueno y lo malo. Por suerte, Bambi (Gonzalo Charpentier, su hermano, bajista y productor de Tan Biónica) me hizo entender que estaba bien parar. Es que fueron 15 años muy intensos, de estar arriba de una combi, con fans corriéndonos afuera, y adentro, un escribano haciéndonos firmar un poder que ni leíamos. Ibamos de Tucumán a París. Además todo nos sucedió en gira: mi viejo murió cuando yo estaba tocando, mi hermano se casó el día posterior a un show para cien mil personas. Los cuatro somos amigos del colegio, de toda la vida. Yo siempre soñé con formar una banda, con sonar en las radios, y lo logré con ellos .”

¿Tus accidentes tuvieron que ver con el impasse?

Para nada, había diferencias de criterio, como las que podés tener con tus mejores amigos.

¿Estás más enganchado con esta nueva etapa?

Sí, estoy haciendo nuevas canciones, son lindas y estoy re agradecido a la gente que me acompaña y que me quiere. Igual te confieso que hace poco, cuando estaba grabando Carnavalintro, que de paso te cuento que está primera en los charts, se me caían las lágrimas de angustia, de extrañarlos. De hecho, en esta etapa solista, llamé a mi hermano y a Diega (Diego Lichtenstein, baterista), para que me ayudaran, pero ellos insistieron en que yo tengo que crecer como artista y trabajar con otros productores.

¿Vas a volver con Tan Biónica?

Sí, tal vez en un año o en dos, pero vuelvo seguro. Mirá, yo prefiero irme a la Primera C con mis amigos antes que ganar solo la Champions League. Y creo que este parate hizo más grande al grupo. Será un regreso espectacular.

La charla se da en un mini jardín que conecta las habitaciones mientras esperamos que las bailarinas se produzcan. Aunque estemos parados contra un paredón y ante la mirada de los testigos, el diálogo no pierde intensidad. Hace frío y Chano se pone un gabán con cuello de piel, mientras fuma un cigarrillo tras otro. El guardaespaldas más alto, Juancito –así lo llama–, está atento a la menor señal del rockero para acercarle otro Marlboro.

El músico se ocupó de mantener la misma gente de confianza de cuando tenía la banda. “Los chicos de seguridad nos cuidaban con Tan Biónica y hoy me cuidan a mí. Los llamo cada vez que tengo una entrevista en algún lugar o tengo que ir a un programa de televisión. Me arman la logística. También sigo con los que manejan mi imagen. Parece un berretín que ande con guardaespaldas, pero yo soy un chabón que muchas veces se queda sin un mango. Soy muy desorganizado con la plata. Por eso tengo un contador que paga mis cuentas. Son cosas simples, pero que me cuesta mucho hacer. Quizás tengo la plata, pero el cable cortado por no pagarlo. Y no me puede pasar eso. Cuando estás con cien mil cosas está bueno delegar”, confiesa. Sin embargo, hay cuestiones que no deja a la deriva. “Como atender mi cabeza. José Capece es mi psiquiatra y Damián Barreiro, mi psicólogo. Hago tratamiento con ellos”, subraya.

Hace poco se dijo que te habías vuelvo a internar. ¿Fue así?

No, te cuento lo que pasó: yo me iba a internar en Puiggari (Sanatorio Adventista que queda en Entre Ríos). La gente que está leyendo esta nota sabe que muchos van ahí para adelgazar. Yo me iba a preparar para el lanzamiento de mi tema solista, Carnavalintro. La idea era ir una semana a ponerme diez puntos, a desintoxicarme. Pero la noticia se filtró, se armó revuelo en el pueblo y tuve miedo de no poder enfocarme en el tratamiento, porque soy de los que no le niegan una foto a nadie. Necesitaba hacer un poco de ejercicio y bajar el cigarrillo. Estoy fumando un montón.

Chano y sus bailarinas.

Chano y sus bailarinas.

¿Mucha ansiedad?

Sí, pero dejé otras cosas, lo que está bueno. Y ahora quiero ir por más, quiero poder cantar y bailar al mismo tiempo, y no agitarme.

¿Era necesario internarte para hacer un poco de gimnasia?

Es que a mí me cuestan mucho las rutinas. Yo necesito que me toquen el timbre de casa para ir a entrenar.

Sos como un niño.

Sí. Los que me conocen ya lo saben. Yo siempre blanqueé mis problemas. Ahora estoy bien. Estoy limpio y no tengo por qué salir a aclararlo.

Chano se enoja un poco. Levanta los hombros y abre los brazos como diciendo: “Hasta cuando voy a tener que hablar de esto”. Quizás porque él mismo reconoció que hace diez años se internó nueve meses en una clínica para dejar la cocaína porque no podía más con su vida. Logró recuperarse gracias al apoyo y amor de su familia, y a dos personas que lo ayudaron especialmemte durante su tratamiento: Celeste Jerez y Walter Caviglia, directivos y terapeutas del centro de adicciones donde se trató. Pero hoy asegura estar en otra y quiere enfocarse en lo bueno y en el presente. Dice que no puede alejarse del cigarrillo, pero que nunca tuvo “mambo” con el alcohol: “No es algo que me atraiga”.

Terminó la sesión de fotos. Ya se fueron bailarinas y el resto del equipo se empieza a despedir. “¿Seguimos charlando en el bar?”, propone Chano y pide que liberen la habitación 19 para poder cambiarse.

Diez minutos más tarde, baja al lobby del hotel. Despide a los guardaespaldas con un beso a cada uno y elige una mesa alejada para seguir conversando tranquilo con Viva. Pide un agua y un café y se apoya contra el sillón, como más relajado. Cuenta entonces que se mudó a un lugar lleno de árboles gigantes en el medio del campo. Se compró un terreno en Capilla del Señor. Su madre, Marina, le diseñó la casa.

“Ella siempre me insistía en que comprara ladrillos cuando me empezó a ir bien con Tan Biónica. Hice la casa de a poco. Yo vengo de una familia donde nunca nos faltó ni nos sobró nada. Siempre trabajé, fui dee jay, camarero. Y bueno, me hice una casa muy grande. Vivo solo en una hectárea. Necesitaba un poco de soledad y ahora eso me empieza a jugar un poco en contra: demasiado aislamiento”, confiesa, aunque Ninja y Safari, sus dos perros, le hacen compañía. “También tengo un departamentito en Saavedra. Me sirve para hacer terapia, gimnasia y las cosas que necesito para estar bien. La verdad es que tengo una familia alucinante y le debo mucho de las buenas decisiones que tomé en mi vida”, dice, y agarra el vaso equivocado de agua. Duda, pero igual toma un sorbo y después pide perdón por la confusión.

Chano, bien custodiado por sus guardaespaldas.

Chano, bien custodiado por sus guardaespaldas.

Hay otra figura importante en su vida. Se llama María Noguera y es la mujer que maneja su casa en el campo. “Ella ordena todo, porque yo soy un desastre. María es una de las personas más importantes en mi vida. Porque me cuida, me quiere, me hace de comer. Nunca pensé que alguien que viene a trabajar por horas me fuera a ofrecer espacio de conversación y de reflexiones tan inteligentes. Aprendo muchísimo de ella”, dice con emoción. “A veces la gente cree que vos hacés una vida rock style y que tenés la autoestima re alta y después te das cuenta de que la minita que te busca lo único que quiere es una selfie.” ¿Por qué siempre tenés romances con chicas famosas?

No te creas, la chica de la panadería es hermosa y no la conocen. Uno no elige de quién enamorarse, uno no se enamora de la persona correcta. Uno se enamora porque sí. A veces de la peor opción, y la mayoría de los casos son desengaños. Generalmente te enamorás de la que no te da bola.

¿Será que todavía no apareció la mujer de tu vida?

Mirá, me topé con mujeres increíbles, como Juanita (Viale), Celeste (Cid), como Vicky, una novia que no es famosa. Tuve buenas relaciones, pero no funcionaron. Igual, soy amigo de todas mis ex. Con Juanita charlo, la veo, soy amigo de Nacho, su hermano…

¿Sufriste mucho por amor?

Sí, sufrí y me dejaron más de lo que dejé. Las separaciones me cuestan, son como pequeños ensayos de la muerte. Me encantaría tener una relación estable.

¿Por qué no te duran?

No lo sé. Soy solitario, tal vez. Con Militta, no funcionó. Aclaro que nunca le pegué a ella ni a anadie.

¿Te ves casado y con hijos?

Sí, tengo ese sueño. Sé que ahora estoy arriba del bondi y no podría tener un hijo, pero estoy esperando ese momento. Por ahora disfruto de Félix, mi sobrino de 6 meses, hijo de Bambi, al que amo.

"Ahora estoy bien, estoy limpio", se alegra.

“Ahora estoy bien, estoy limpio”, se alegra.

¿Te imaginás como papá?

Siento que estoy creciendo en muchas partes de mi vida y, a la vez, me parece que estoy a años luz de poder tener esa responsabilidad. No me da vergüenza decirlo. Y no sólo es que tiene que ver con las drogas, tiene que ver con la conducta, con el orden, con la responsabilidad, con salir de uno mismo, porque creo que cuando tenés un hijo desaparece el yo. Y un solista, que se lanza es yo- yo-yo. A veces no me lo banco mucho. Y me doy cuenta de que soy falible, de que me puedo equivocar y de que me pasan cosas. He tenido recaídas y ojalá que no vengan más. Yo creo que lo mejor está por venir. Pero mi reincidencia siempre es una recaída. Yo no puedo dar un mensaje que las drogas están buenas. Por eso puse en Twitter: Winners don’t use drugs (Los ganadores no usan drogas). Aunque algunos lo tomen como chiste, es un mensaje para el pibe o para el padre que esta leyendo esta nota. Y digo: “Che, a mí me fue re mal con las drogas. Cuando las dejé, me fue re bien. Y esto es lo que quiero transmitir. Soy un pibe que laburó y después se volvió una estrella de rock: traté de manejarlo como pude”.

Tuviste dos accidentes duros, ¿pensaste en la muerte?

En el primero sí, hubo mucha agresión. Pero no era mi momento para morir, no me lo merecía.

¿Creés en Dios?

Cuando a una madre se le muere un pibe de 6 años, se hace difícil creer en Dios. Tampoco puedo ser indiferente a la vida que venía llevando. El universo me está dando un mensaje. Igual, yo creo que el destino ya está escrito. No quiero morirme, no me interesa estar en las remeras o en las banderas por eso. Los accidentes me hicieron reflexionar sobre el valor que tiene la vida, me ayudaron a ser agradecido, a levantarme y decir: “Che, qué bueno que estoy vivo”. Tampoco es que sea una persona re espiritual. Me cuesta hacer gimnasia, me cuesta ir a terapia, me cuesta portarme bien, me cuesta no salir de joda. Pero creo que es la que va. Perdón, (dice casi susurrando), me tengo que ir a terapia.

FUENTE: Diario Clarín

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