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Canciones para naufragios

Alerta, Spoiler!. El intendente Galli seguirá hundiéndose entre el cholulismo y sus metidas de pata. Las autopsias determinarán que los decesos no se produjeron a causa de avalanchas. El Indio Solari será llamado a declarar un par de veces y desligará su responsabilidad en la productora En Vivo S.A.. El Gobierno, luego de haber comprado cintura política en Taiwán, preferirá sacrificar a Galli antes que victimizar al cantante y seguir descendiendo en su impopularidad. Alessandra Rampolla confirmará que decir “misa ricotera” más de cinco veces por speech no genera ni impotencia ni frigidez y los conductores de telediarios respirarán aliviados.

Actuará la justicia de los hombres, llegado el caso. Y habrá debate en los tribunales rockeros, los de puertas adentro. Los del humus donde Solari comenzó a cosechar fama y fortuna. Donde las cosas se seguirán discutiendo luego de que se diluyan estas horas donde uno va al almacén y hasta los vecinos más amargos preguntan por el tema. Donde nadie va a negarle al Indio su condición artística, la legitimidad de su convocatoria, la buena fe de sus intenciones. Pero sí es hora de empezar a dudar de su consagrada inteligencia. O de plantearse si no adoptó ya la autopista del cinismo.

Cuando ya fue evidente (aún luego de organizaciones calamitosas como las de Mendoza, Junín y Gualeguaychú), que sus fans iban a persistir en la peregrinación, los errores no se enmendaron. Con muertos o no, el cerebro de Solari, ahora que de casualidad (o por una testimonial) nos enteramos que delega TODO a la productora En Vivo S.A., nunca estuvo lo suficientemente fresco como para otorgar un mayor bienestar a susfans. Incluso, cuando al borde de la limosna, les guarda un saludo verbal en el show: “Sé lo que representa guardarse una platita y dejar de comprar algo o dejar de viajar a algún lugar para venir a verme. Lo valoro, muchas gracias…”.

No escapa a Solari que esos chicos ya no son bombas pequeñitas, ni tan chicos. Estuvieron, están y estarán ahí donde se le antoje tocar, para sostenerle con cariño y dinero los caprichos de su ego, capaz de tratar de nabo a Mick Jagger porque no pudo juntar 200 mil personas en un mismo show y no tiene el pogo/falo más grande del mundo. Sabe también que asistirán a los shows en las condiciones que él mismo disponga, por propia voluntad, en una escena que directores de cine como Luis Buñuel o Pier Paolo Pasolini se hubieran apropiado como metáfora de una oscura fantasía burguesa: pagar para ser maltratados.

Acusar al periodismo de “vender pescado podrido” en su primera declaración oficial, anteponiéndola al pésame y otras minucias, no es una movida digna de su aureola. Tampoco la sagacidad & velocidad de su entorno para instalar la idea de que los dos muertos (todavía tibios, incluso uno no identificado hasta ese momento) no fueron a causa de las avalanchas, como si la ratificación de este hecho invalidara la desastrosa jornada que se vivió.

Si hubiera una próxima vez, sería ideal que los meses que distan entre la confirmación de un recital y su realización contemplen menos el azar como técnica & logística y el “cuidémonos entre todos” como pacto tácito. Después de Cromañón no debería haber atenuantes para una organización irresponsable: aquello fue el precedente y debería haber sido el Nunca Más. “Era una única oportunidad para hacer las cosas bien. Cuidar a todos. Fallaron todos. Preparémonos para lo que se viene…”, sintetizó sabiamente Juanchi Baleirón en Twitter. Al fin y al cabo, un Tsunami era lo contrario a un mar planchado

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